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Generosidad

Las obras buenas y las cosas necesarias escasean con frecuencia porque muchas veces nos quedamos rezagados en cuanto a nuestros compromisos personales, los unos esperando por la generosidad de los  otros. Por esta causa sentimos que escasea la justicia en las cortes, el orden en las calles, el afecto en los hogares, la valentía en los púlpitos y estrados, la voluntad en las autoridades, la confianza social, el esfuerzo personal, y hasta la economía se tambalea. Sigue viva la necesidad de que cada uno ocupe su posición. Podemos ver con cuanta urgencia necesitamos que al llegar a la parada el autobús este a tiempo, que en el aeropuerto el vuelo sea a tiempo, que en el supermercado el producto este en el lugar indicado, que el medico este disponible, etc. Pero a veces se nos olvida que esas son nuestras responsabilidades, pues podríamos estar exigiéndole a otros que cumplan su responsabilidad, mientras nosotros descuidamos las nuestras, y así hay un desbalance. Y precisamente, ese desequilibrio que sentimos en el desenvolvimiento del diario vivir proviene de la falta de la  generosidad con la que debemos proceder. Cada uno debe cumplir su deber, y hacerlo con seriedad. No debemos decepcionar al que espera por nosotros desde la posición que ocupamos, con el talento que nos ha sido impartido por Dios o con nuestra ayuda. Y  para imprimirle todo lo que necesita nuestra obra en favor de los demás, y también la de los otros en favor nuestro, la Biblia dice:  Todas vuestras cosas sean hechas con amor (1 Corintios 16:14). También para alentarnos a la generosidad nos dice la santa escritura:  En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor (Romanos 12:11). 

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